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Fantasías de fin de siglo y de milenio. EL ANGEL DE LA GUARDA. ENCUENTROS CERCANOS. Silviano Martínez Campos

EL ANGEL DE LA GUARDA

Silviano Martínez Campos

—Oye niña, ¿Por qué siempre pides una ayudita para tu hermanito enfermo?, ¿De qué padece?

—De su mente.

—Pero ¿Por qué siempre te encuentro aquí y allá? El otro día estabas en el portal del centro, donde se compone el mundo. Luego frente a la escalinata del templo, donde se santifica, y ahora nos encontramos aquí, mientras reposo de la caminata. Andas por todas partes, te pareces a mí.

— ¿Cree que nos parecemos? Usted está medio viejo y yo apenas soy una niña. A no ser nos parezcamos en el gusto de andar por estos mundos.

—Para tu edad, razonas muy adulta. ¿Cuántos años tienes?

—Sin cuenta, pero podrían ser sesenta.

—Qué broma, si es mi edad. Cómo adivinas y es mucho tu parecido con una persona a la cual medio conozco. ¿Cómo te llamas? —Silvia.

—Es curioso, con un no agregado, se forma mi nombre. Mira niña, me intrigaste, quién eres o qué haces, de seguro alguien te platicó de mí, y te encomendó me fastidiaras. No sigas, porque vas a ocasionar me dé un mal que los adultos llamamos paranoia.

—Nadie se vuelve loco por recibir un mensaje de paz. Yo lo conozco desde hace tiempo. ¿Recuerda cuando travieso, de un palo hizo escalera, la apoyó en la pared, sacó a la golondrina de su nido, la traía entre sus manos, la llevó a la cocina, pero el pájaro, atraído por el fuego escapó y fue a quemarse en el fogón? ¿Me va a negar ahora que su cariño por los animalitos es por sentirse culpable de haber chamuscado la golondrina?

— ¡Ay niña!, pareces fiscal, ya me acusaste, pero no te preocupes, peores cosas conocerás de mí, y no vas a pretender que las difunda. Síguele, me pongo en el banquillo.

— ¿Por qué, cuando adolescente, escapó del Seminario? Eso que escribe, bien podría ser un sentimiento de cura frustrado, antes de verdadero espíritu cristiano.

—Quiero a los padrecitos porque también a través de ellos se me dio el don, por eso no puedo ser anticlerical. Pero tampoco clerical, y tengo mis razones: el mundo no se divide, si en forma alguna debe dividirse, entre clericales o anticlericales, sino entre quienes obran la justicia o luchan contra ella.

—En sus entrevistas imaginarias maneja indistintamente el yo y el nosotros y hasta pretende hablar en nombre del homo sapiens, ¿No es eso megalomanía, delirio de grandeza?

—Aquí sí me perdonas, niña fastidiosa. ¿Qué no has echado una ojeada al mundo maltrecho en que vivimos?, ¿No ves que está desintegrándose y ante una eventualidad de desastre todo humano tiene el deber no sólo de hablar sino además de actuar por todos y junto con todos?

Hablar y actuar –-el pensamiento es también acción–, desde las páginas o las ondas; pero además, hablar y actuar en lo pequeño y en lo grande, desde lo comunitario, no sólo por buscar una mayor justicia, sino además para contrarrestar lo que haya de mortífero en la cultura que infesta las aguas, los vientos y los suelos. ¿O quieres cada aldea trastocada en basurero?

¿O no crees que muchos de nuestros males derivan de haber dejado el manejo de la vida pública a los ególatras y ambiciosos y por tanto es deber reivindicar la política, cada quien como quiera y pueda, en la sigla de su gusto o en ninguna, pero siempre participativos?

¿Crees apoco que si los cristianos todos y no sólo los del santoral hubiéramos alcanzado la coherencia entre el pensar, creer y obrar, el planeta estaría tan averiado?

—Te llegué al amor propio, no te enojes, ni solo descompusiste el mundo ni solo vas a componerlo, ya es mucho te pre-ocupes. Ni soy tu fiscal, aun cuando sí severa si te apartas del camino. En el curso de tu larga vida cuántas veces he tendido mi mano amorosa y previsora parea que no caigas al abismo. Nací contigo y te acompaño siempre, soy, pues, tu Ángel de la Guarda.

—Por allí hubieras comenzado, me estabas asustando. Pero dime, angelita, ¿por qué tardas tanto en hablarnos?, ¿Acaso intervienes sólo en momentos de crisis, cuando al parecer ya todo está perdido?

—Comencé a cortejarte, ¿lo recuerdas?, en aquellos bosques de África. Dabas entonces tus primeros pasos de encorvado, no por el peso de tu historia, sino porque no atinabas aún en decidir si clavabas tu mirada en la tierra, o alzabas la frente para aprender a mirar a las estrellas. Yo misma te embromé y en un dos por tres ya cazabas, y después saltando mares, cruzando continentes, llegaste a los rincones de la Tierra, te volviste agricultor, constructor de ciudades, aprendiste la palabra y la hiciste alfabeto, para llegar a tu mundo de hoy, manejando la imagen, la computadora.

—Hablas ahora del homo sapiens. Así en abstracto me siento más seguro. Lo general no compromete: puedo manejar cifras y hacer del hombre una ficha y trastrocarlo en cosa y en recurso. En lo particular, tengo qué meterme en los zapatos del hermano, como tú cuando pides para tu hermanito enfermo. Me intrigas, angelita. ¿Los ángeles también se enferman?

—Tengo un hermanito enfermo. Enfermo de su mente desde niño. Eran cuatro las semillitas regadas en su huerto, pero una al cruzar su cielo se averió y llegó dañada. Desde entonces hay pena, dolor, muerte, maldad y egoísmo en tu planeta; pero venimos al rescate y cual expertos caporales hemos lazado a tu Tierra para sacarla de las profundidades del abismo, llevarla al país de la luz y hacer de ella el corazón del cielo.

—Hablas no como ángel, sino además manejas tú también el yo-nosotros, cual si formaras parte de un equipo.

—Un equipo inmenso quizá. Tu Ángel de la Guarda está enlazado a una red amplia y diversa con miríadas de hombres que aman en selvas y desiertos, islas, continentes, aldeas y metrópolis y desde ese gran equipo conspiran por la vida y no todo en tu mundo está perdido.

Son quienes aman el pro-greso, no al grado de hacerlo ídolo y adorar su cara destructiva; aman la ciencia mas no como explicación última del hombre; la religión que libera, pero no en sus aspectos mortíferos que matan y enloquecen; la letra y la cultura, pero exaltan el espíritu. Son humanistas que sólo creen en el hombre y sus obras, pero también los humanistas-creyentes, con un pie aquí, y otro allá, o mejor, peregrinos constructores de la gran utopía que se les dona.

—Curiosa tu “Internet”. No me digas, angelita, que ha quedado establecida una especie de “Intercosm”, una trama de estrella en estrella, de galaxia en galaxia y de universo en universo y tú serías enlace, entre ángeles y planetas.

—Mi Internet es sólo modestamente planetaria. Une conciencias, une voluntades, afectos y aspiraciones, utopías y sueños, entre ellos hacer real el canto al que el gran Beethoven puso coros.

Soy ciertamente el Ángel de tu Guarda, mensajero de nuevos tiempos en tu Tierra, nacido en cada hombre desde que germina en él la semillita. Soy tu conciencia libre y responsable, engarzada con otras mil, al igual que responsables, libres.

Imagina tus redes tecnológicas y verás que enlazan mentes y mensajes, pero también estados financieros, planes, programas, coloquios de la ciencia, secretos del saber, es tu conocer profundo y muy diverso; pero hay otras redes donde se engarzan culturas, sanas costumbres perdurables, tradiciones sin fin desde tu cuna de África y todas conspiran para que seas uno, plural, diverso, animado por el espíritu del ascenso.

Una más en la cual el vaivén de cada rama, el aleteo de la hoja y la sonrisa de la flor hacen señas a hombres y animales y juntos todas vibran diversos y al unísono, animados por fuerzas misteriosas y por ellas habla el mundo en el canto de pájaros y en la voz del hombre, expresada en tres mil o más lenguas, en el Internet de lo viviente.

Y baja hasta el centro, donde se compone la sinfonía de lo real, se tejen los filamentos de las cosas, se trenzan los afectos, se elabora la trama de los sueños, nace el proyecto concertado de hacer de tu Cosmos un cielo, es la matriz, la madre, la energía creada en el primer instante, es la Internet de lo objetivo.

No llegas a él si no te despojas de lastres, tomas tú mismo un par de alas porque se vuela en sus espacios cruzando cielos tempestuosos, es la Internet de la poesía y el arte. Allí es donde intervengo yo, tu ángel, en concierto con muchos otros seres y juntos en red de comunión, agradecemos y alabamos, pedimos y ofrecemos, lloramos o reímos, sufrimos o gozamos, es la Internet de la plegaria.

Y sin dejar de ser tu Ángel de la Guarda, te enlazo con las Fuentes de la Vida, donde no hay nombre posible que agote su presencia, pero puedes darle cualquiera que apunte a las alturas. Por mí, uno te propongo: Sabiduría-Amor-Vida Verdadera que crea, enlaza y anima todas las Internet del cosmos y aquí en tu Tierra, sabiduría donada de pueblos y personas que puede y debe enderezar tu mundo y sólo así podrás curarte tú, quien eres mi hermanito enfermo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, 28/V/1995, Ventanas, Pag. 9-B y en ETCETERA, semanario, La Piedad, Mich.)

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ENCUENTROS CERCANOS

Silviano Martínez Campos

— Entiendo que anda usted con dificultades.

—Ando, y no encuentro la puerta, ya no siento lo duro sino lo tupido; hacia donde quiera que dirijo mis pasos, topo con barreras a tal punto que creo encontrarme en un callejón sin salida.

— En qué puedo ayudarlo, creo me llamó usted.

— Lancé un S.O.S. (Save Our Soul, salve nuestra alma), a las cuatro direcciones del Universo; mi ser atribulado se encuentra como una tempestad marina, que debe ser espantosa, según cuentan quienes han experimentado las furias del mar. Usted respondió a mi lamento. Cualquiera que sea su planeta, gracias señor extraterrestre.

— Confía usted en los extraterrestres y está bien, aunque los pinta monstruosos, guerreros, conquistadores y hasta chupasangre. Es bueno confiar en alguien aun cuando mejor sería confiara también en usted mismo.

— ¡Quién nos salvará de esta hecatombe de no ser ustedes los extraterrestres! Porque déjeme contarle, si usted no lo sabe, es interminable la letanía de nuestros males. Las leyes de este planeta, sabrá usted, determinan que nos comamos unos a otros. Me refiero desde luego a seres no movientes y a los semovientes: unos ni se mueven del lugar donde nacen y otros pisan cualquier lugar aunque no sea suyo. Entre estos últimos nos contamos los inteligentes y estamos a punto de “cuando el destino nos alcance”, comernos también entre nosotros, en forma de galletita.
—…

— Creo que no me entendió, su silencio lo dice. El caso es que muchos seres inteligentes, unos mil millones, tienen dificultad de comerse a los no movientes y a algunos de los semovientes.

— No sea rebuscado, tortuoso, retorcido. Por qué no dice claramente que hay hambre en su mundo, los bienes son mal repartidos, el SIDA los acosa, los flagelos del narcotráfico, violencia, terrorismo los desquician; cambios climáticos los asustan; treinta guerras dan idea de su desequilibrio global y, en su ombligo del mundo, su México, se acabó el desarrollo estabilizador, unos veinticuatro muy inteligentes se quedaron con la parte del león, los volvieron a saquear y tampoco pudieron defender el peso.

—Sí me entendió, conoce parte de la historia, pero no ha terminado la letanía: las cosas están de tal manera descompuestas, que muchos de esta Tierra creen que es acabamiento de mundo y al dos mil no hemos de llegar.

—Así decían el sesenta ¿recuerda?, y muchos apresuraron su casorio. Debe ser igual ahora. ¿No cree que la vida amenazada por defenderse más tiende a difundirse?; pero vamos con el acabamiento de mundo, ¿No cree más bien que el mundo que ha conocido ya se acabó y usted no se ha dado cuenta y todos esos grandes gemidos de su letanía no son sino estertores que anuncian nueva vida?

—No entiendo, señor extraterrestre.

—Voy a llevarlo de la mano, vea y entienda cómo es ahora su planeta. Tome su directorio y verá que puede comunicarse por el aparatito a cualquier lugar del mundo (“o casi”); vea su noticiero preferido, haga a un lado manipuleos interesados y entérese de las catástrofes de cualquier rincón del mundo (aquí sin “casi”); vaya al aeropuerto internacional más cercano y desde allí viaje a cualquier lugar; no se lo recomiendo si no lleva visa y una talega de dólares, pero allí está la posibilidad al alcance de su mente.

—No siga, para saber eso no requiero consultar a extraterrestres. También sé que ya pisamos la Luna, pero en vez de plantar la bandera de la Tierra, izamos la de un país pionero en la astronáutica. El mundo se encamina a su unidad, pero hasta ahora la ONU rehúsa la forma de gobierno mundial democrático y participativo que deje a un lado pretensiones hegemónicas de los viejos imperios o pretensiones de dominio por los dineros de potentados financieros.

—Volvamos pues a lo pequeño. Vuélvase contemplativo. Siéntese junto a un hormiguero, o junto a una colmena o un avispero, no tan cerca, por supuesto. Observe a los animalitos, cómo todos trabajan, todos tienen su lugar, todos comen del aporte común y no hay jerarquías dominantes sino de función y de servicio. Pero no calque su modo de vida a la suya social, porque sus ciudades se vuelven inhabitables. No olvide que la lucha a muerte contra la propiedad terminó con la muerte del sistema. Pero tampoco desestime que la propiedad sin coto ni medida también puede terminar con el sistema y de paso con la Tierra.

—Eso también lo sabemos, nuestra inteligencia clasifica día a día ensayos, estudios y serias consideraciones en periódicos, libros y memorias electrónicas.

—Volvamos pues a lo grande. Vuélvase contemplativo. Mire de vez en cuando hacia arriba, cuente las estrellas de su galaxia y luego cuente las galaxias sin olvidar, desde luego, la descubierta el otro día y verá cuán grande y variado es, qué bello y qué asombroso su Universo. Esa es su casa.

O mire hacia abajo a lo pequeño y vea hasta sus confines donde se borra el tiempo y dé gracias porque hay límites en su mundo y en usted, así está mejor porque no se pensará omnipotente, reconocerá sus límites y así será plenificado.

—Ya lo sé, pero eso no es noticia, perdí el sentido del asombro.

—Creo haber detectado la causa de sus males. Su pequeñez lo apena y siéntese marcado por la grandeza del mundo descubierto; y se refugia, para sentirse grande, en las arcas de sus cajas fuertes, en la madeja de su poder; lo indigestan sus juguetes tecnológicos o la abundancia de su mesa o se aturde con ruidos e imágenes. Su miedo lo ha hecho más violento. Es cuando olvida lo que es compartir, cuando la ley fundamental en su planeta es donarse los unos a los otros, los no movientes y los semovientes, como quiso explicarme, para que todos coman del pan propio y del ajeno.

—También eso lo sabemos los inteligentes, sólo que no ha bajado de la idea al afecto ni el afecto ha motivado la mano que comparta.

—Puesto que ya lo sabe todo, debo decirle sólo que bajé del reino de los sueños para ayudarlo a usted, el homo sapiens. Misionero soy del país de la vida, yo mismo ángel, reina coronada, si prefiere, o un hada bienhechora. Destellos rojos, verdes, amarillos, tornasoles visten el arcoiris que es mi cuerpo y a través de mi cuerpo mi mensaje. Soy reina o rey si prefiere y la diadema que a mí corona es receptáculo de lenguajes cifrados venidos de más alto, o de más profundo si prefiere y cada luminiscencia es una caricia para usted, el homo sapiens, en conspiración amorosa, acordada en las estrellas. Somos en mi planeta luminosos, dotados de luz fuerte, vigorosa, aun cuando su colorido iridiscente no lastime. Tachonada nuestra frente de joyas diminutas en destellos ordenados. Reflejamos con ellas lenguaje inteligente y en él afirmamos nuestro ser y nuestro estar vivos y damos gusto y regocijo a quien regocijo y gusto nos prodiga. Razón, gusto y afecto, alegría de ser que chocan con mundos y universos donde tal vez sólo domina el intelecto. Capaces somos de recibir los secretos máximos del mundo en la cadencia de una frase musical, pero también palpamos el misterio en la barrera diminuta de un bemol.

—Satis mirari nequeo, señor extraterrestre, no puedo admirar bastante y disculpe el latinajo ya en desuso, que sea bello, radiante su planeta, ¿De cuál, de cuál procede, señor extraterrestre? ¿De Alfa Centauro o tal vez la Tau Zeta, Epsilon Eridani, Sirio, la estrella más cercana, o acaso la última lejana?; ¡Será usted habitante en Tauro, bella Orión, el Cangrejo o tal vez alguna de las Osas! ¿Y si es una galaxia, cuál, la próxima o aquella, Andrómeda tal vez, Magallanes será, M 3 ó la Z 24?

—De tu mismo planeta procedemos, el bello, rutilante, multiforme, viviente, el astro azul llamado Tierra, bendecido, tal vez con otros muchos de tu Cosmos, en el don prodigioso de la vida. Entiéndelo mejor, somos tú mismo, cuál eres ya por dentro, muy adentro pero no tanto que puedas negarte a escuchar lastimeros los ecos de tu SOS. Verás así que estamos cerca, encuentros cercanos surgidos de lo alto podrán ayudarte y junto y amoroso con todos mis hermanos, arregles desde ahora tu morada en justicia y la PAZ que te regalo. Tempestades vendrán, qué duda cabe, tormentas provocadas o espontáneas, pero encuentros cercanos con tu alma bien podrían ayudarte a esperar y hacer esperando la casa que viene hasta tu encuentro, hermosa, plena y solidaria. Tu pregunta respondo, al fin contento: los contactos cercanos que apeteces contigo mismo son, y yo tu HERMANO, soy tu mismo, el HOMBRE iridiscente del futuro.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Ventanas, Págs. 7B-8B, 14/V/1995. y en ETCETERA, semanario de La Piedad, Mich., el 15/V/1995)

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Fantasías de fin de siglo y de milenio. EL ENREDO. A2K O EL ERROR DEL MILENIO. Por Silviano Martínez Campos

 

navidad3

(De la red, Liberación Ahora)

EL ENREDO

Silviano Martínez Campos

—Te ves muy enredado estos últimos tiempos, como que ya se te acabó la cuerda.

—Cómo no voy a estar enredado: la última vez me dijiste que eras duende y resultaste musa.

—El enredo fue tuyo: nunca me presenté como duende; el enredo fue tuyo, me trataste como duende y te trambuluqueaste.

—Quien me trambuluqueó fuiste tú, qué tal si te falto al respeto.

—No sería la primera vez, tienes callo, comenzando porque siempre te has faltado al respeto a ti mismo.

—¿Hablas como musa o como duende?.

—Dí tú primero. ¿Me consideras duende o musa?.

—Duende no: a ti no te vendría el nombre de Duende de los Vientos, pero tampoco Musa de los Bosques.

—Esos son faunos o silvanos, dioses de los bosques. —Ya me faltaste al respeto, duendecillo, qué es eso de Silvano, dios de los bosques. Por lo demás, me llamo Silviano: Silvia, no. Soy pagano, pero no tanto.

—No lo eres; antes sí pagabas a tiempo tus deudas y ahora no eres muy buen pagano.

—Ya me trambuluqueaste con el lenguaje, duende juguetón. No imagino una Musa de los Vientos jugando al sí pero no, no pero sí. O puede ser que sí, puede ser que no, lo más seguro es que quién sabe. —Fíjate que sí y ahí está el enredo. Doy de sí, pero también de no.

—No veo claro.

—Porque no quieres. Veme en la mujer soltera que entrega la primavera y el otoño de su vida como ángel de la gurda de sus padres ancianos y achacosos. Veme en la viuda joven que inmola lozanía para ver fructificar a sus hijos pequeños y acompañarlos como ángel guardián en tanto caminan por sí mismos. Veme en la enfermera que mitiga el dolor de los sufrientes: en la madre o en el padre atribulados por la penuria; en el grupo que trata de entenderse a fin de entender y humanizar su entorno. Veme en los fanatizados destructores, muchas veces víctimas sociales, además de victimarios. A propósito, ¿qué lees en esas hojas amarillentas?

—El fragmento de un escrito que encontré en un basurero. Por su contenido, más bien creo cayó de la NAVE espacial que seguía al cometa Hale-Bopp, el OVNI que esperaba a los sectarios del rancho Santa Fe, cerca de San Diego, en California. Lo someto a tu crítica.

—No está fechado, pero a juzgar por el cometa que menciona, parece lo soltó el Kohoutec. Dices que cayó del cometa, allá tú y tus fantasías. Debió escribirse durante la guerra fría, porque lo que es ahora, ni tantito hay riesgo de guerra caliente. Matanzas por todos lados, sí; hambrunas y pobreza en medio mundo, sí; pero eso no es guerra, sino cataclismo. En fin, léeme el escrito.

—Rescatado de los estragos del tiempo, están cuatrapeadas las fechas. Se va del presente al pasado y de éste al futuro, hacia atrás, hacia abajo, en horizontal, en vertical, hacia arriba y hacia delante. Es un enredo. Sin embargo, lo legible y menos borrado por las telarañas del recuerdo y por la contaminación del basurero, dice: “BABILONIA, 539 a.c.- Baltasar asistía aquí (probablemente junto con Epulón como asesor), a un banquete de negocios cuando en las paredes del centro de convenciones vio una pinta que decía: Mane, Tecel, Fares, la cual luego Daniel habría de interpretar como tus días están contados.

HIROSHIMA, NAGASAKI, 1945 D.C.- Hoy fue lanzada sobre víctimas inermes la primera piedra atómica. El arma civilizada quemó con el fuego nuclear a miles de humanos.

WASHINGTON, MOSCU, 1975 D.C.- El arsenal de estos 2 imperios se contaba en miles y miles de megatones –después de la experiencia bien asimilada de Hiroshima–, capaz de incinerar a medio mundo y en un descuido a todo…unas 25 veces.

BELEN, año del nuevo comienzo.- Hoy nació aquí un niñito que transformó al mundo al predicar y practicar el amor de un Padre Celestial común a todos. Su prédica generó muchos testigos y bellos pensamientos como aquellos de libertad, igualdad y fraternidad que han quedado plasmados en bellos documentos, pero muchos de sus llamados seguidores se resisten a que todo ese mensaje de esperanza pueda ser cierto.

MONTE PALOMAR, 1975 D.C.- Investigadores de éste y otros observatorios han descubierto en los últimos tiempos innumeras galaxias, quásares, pulsares y hasta agujeros negros. Se teme que en un descuido logren descubrir universos paralelos o señales de inteligencias extraterrestres.

LA LUNA, Julio De 1969 D.C.- Astronautas de la Tierra pusieron hoy por primera vez pie sobre la Luna. Colocaron una bandera norteamericana en lugar de poner encima la de la ONU y, de paso, comprobaron que dicho satélite artificial no es de queso ni en él habita el profeta Elías.

AÑO 10,000 A.C.- Comienza a nacer la historia humana. El avance se nota en que si antes el homo sapiens peleaba con piedras y flechas, hace lo mismo ahora, pero en lugar de defender las cuevas, ahora protege sus ciudades.

AÑO CERCANO A 2 MIL, D.C.- El hombre de estos tiempos se interesa cada vez más por cuestiones enigmáticas y misteriosas, como los fenómenos telepáticos que probablemente ya practicaban sus ancestros de las cavernas. Se distingue de aquéllos en que en vez de piedras y flechas usa bombas, metralletas y pistolas, para matar.

AÑO 3,500 MILLONES A.C.- Sobre la superficie de este planeta azul, pero solitario y desolado, comienzan a notarse perturbaciones microscópicas en sus mares, posiblemente virus, el inicio de la vida.

AÑO 2,025 D.C.- Un virus que nació en África (o en el país de la abundancia), al que desde luego llamaron SIDA, amenaza con hacer regresar, tras diezmarlo, al homo sapiens con sus parientes los changos, a su cuna de aquel Continente, donde se considera nacieron ambos.

AÑO 2,000, d.c.- El talento humano ha descubierto con mayor claridad que la vida sobre la Tierra forma un solo sistema, surgido de los fondos acuáticos y se tejió durante millares de milenios hasta llegar al homo sapiens. Tras siglos de irse bajando él mismo del pedestal, ahora acepta, también, la posibilidad de que no sólo su planeta sino el Cosmos todo esté habitado. Ha descubierto que su ciencia tenía límites y sus sistemas socio-económico-políticos, además de injustos, no eran eternos.

SIGLO XXI D.C.- El hombre del Siglo XXI teme que su creatividad destructiva logre abortar la historia. Tres mil quinientos millones de años de vida sobre la Tierra perdidos por la estupidez humana que ha utilizado los secretos de la materia para trasmutar piedras en armas. no es posible que suceda, pero es posible que suceda. Sería el fin del mundo, el fin de la Tierra, un planeta abortado. Pero no un aborto cósmico. Tan Sólo un cosmos sin nosotros. O un cosmos con nosotros mutilados. La grieta se abre, del centro de la Tierra escapan flamas gigantescas que amenazan extenderse por toda la superficie del planeta.

Explosión inconmensurable que amenaza sumir en la tiniebla de la NADA al inventor de bombas. Millones de fragmentos de materia terrestre se expanden, en fuego pirotécnico inconmensurablemente grande por todas las inmediaciones del sistema solar, donde se agitan en bamboleo todos los 8 planetas y todas sus lunas que antes giraban armoniosamente en torno a ellos, incluido el planeta extraviado. Pero esto no sucederá, no teman a quienes pueden matar el cuerpo, pero no podrán con el alma de la Tierra.

No pasará, sí pasará, es posible, no es posible, será, no será pero puede ser. La angustia del hombre cubre de lamentos la Tierra. El miedo a perecer se extiende por todos los continentes, ya están cebadas las bombas, ya han sido alineadas las huestes bacteriológicas, ya están en sus marcas legiones microbianas para destruir la vida, ellas que son vida, Los sistemas económicos, políticos, sociales que he creado se han derrumbado. Sólo percibo tinieblas, sólo respiro oscuridad, el tapete se ha movido, ya no hay ningún punto de orientación que sirva para sostenerme, el mundo ha crecido demasiado en mi derredor y ya no lo entiendo. Demasiado grande, es demasiado absurdo para mí. Siento que algo me ahoga. Millones de moléculas congestionan mis pulmones. Pulverizaciones de pequeñas partículas impiden mi respiración. Se acaba el aire que respiro, estoy muriendo, estoy feneciendo, algo atosiga mi garganta, algo cambia mi sabor, algo perturba mi nariz, percibo veneno que atraca todos los poros de mi cuerpo. Estoy pereciendo, estoy pereciendo, estoy pereciendo, tengo miedo a la vida y estoy pereciendo. Gases contaminantes cubren mi atmósfera, ruidos de locura profanan mi intimidad, vaivenes de máquinas interrumpen mi circulación. Soy hombre máquina, me estoy maquinizando. Detritus asfixiantes, maceración de cuerpos y almas, desquites de la materia “profanada”. Nieblas estrangulantes de ciudades, vidas, atmósfera sutil, placenta que protege del rayo cósmico comienza a desgarrarse. Industrias contra el hombre, maquinación que capturas solo una dimensión de mis muchas dimensiones. Técnica que te has vuelto contra tus creadores. Poderes vengativos contra su aprendiz de brujo. Es el fin del mundo. Regreso a la NADA de donde salí hace 3 mil 500 millones de años. Miedo, miedo, miedo de perecer, Mejor dormir, regreso a la NADA, mejor que la soñada grandeza, prometida grandeza. Me he fragmentado, me he despedazado, sólo reducido a mi dimensión económica de consumidor de objetos, yo que trasciendo todos los objetos. Me he vuelto hombre económico, yo que soy también hombre sufriente, intuitivo, pensante, emotivo. Poder que absolutizas lo relativo, pretendes trascender por donde no hay trascendencia porque no hay dirección. La injusticia se yergue por sobre toda la Tierra. Perdí el camino, no sé cuándo. Perdí la orientación, no sé cuándo. Tengo miedo, miedo de perecer destruida mi debilidad por poderes englobantes y totalizadores fragmentadotes del hombre. Es una ilusión, yo no soy más que mi propia ilusión. No existo, me dicen que existo pero no es cierto. ¡Ah pero sí! Si el mundo se derrumba en mi derredor hay mundo; si he descubierto un mundo nuevo inconmensurablemente grande, hay mundo; si he descubierto el valor de la vida, hay vida, yo mismo; si he descubierto el valor del espíritu, si he descubierto mi desorientación, hay orientación; si he temido morir, es que hay muerte; si hay muerte, es que hay vida, si hay vida, es que la tengo atrapada mucho muy dentro de mí, hasta lo más profundo. Soy vida, soy espíritu, soy materia, soy hombre. ¡Viva la vida!, no podrán contra la vida. Tus días están contados. No están contados. Sí están contados. ALGUIEN los cuenta. Mi historia tiene principio y tiene fin, ése es el fin de mis días, mis días están contados. No pereceré, el absurdo es perecer, no vivir, no creer, no esperar, no luchar, no amar, el absurdo es una ilusión. Puedo morir pero puedo vivir, estoy amenazado por mí mismo, pero puedo regenerarme. Nadie podrá contra la vida. La vida es irreversible, el espíritu es irreversible. Mis días están contados, pero yo levo el cómputo de mis días. La grieta se cierra, se va cerrando. Cuento mis días. Mis días están contados. La grieta se cierra. Energías inmensas de amor y solidaridad, empuje y lucha la cierran. Se está cerrando, aparece una Tierra Nueva. No, es el planeta, el cometa. ¡Eso!, veo un cometa. ¡Qué bello cometa!, su superficie se altera, vemos, veo, vemos, veo…aparecen letras sobre la superficie del cometa. Dios mío, se está moviendo. Dios mío, éste es el fin del mundo. Dios mío, éste es un anuncio. Conozco la frase: tus días están contados, tus días están contados, tus días están contados. Los tres ayes: ¡ay, ay, ay!, Año 1974, año 1, año 10 mil, año 2 millones, año 3 mil 500 millones, año 2 mil después de Cristo, año 3 mil, año 4 mil, año 5 mil, año, año, mis días están contados, pero hacia el futuro. ¡No pereceré!. Veo allá una lucecita, luciérnaga colorada que alumbra mi salida. Me acojo a ese punto rojo que es mi compañero. Es mi fe, mi esperanza, mi camino, mi verdad, mi vida. Ahí está, es coherente, la vida es coherente, el cosmos es coherente, yo soy coherente. Ya pasará, es una curva del camino, aún no veo claro. El cometa, el anuncio. Si intuyo mi propia autodestrucción, intuyo mi propia recuperación. Es obra mía, yo también cuento mis días. La tierra tiembla, es la Nueva Tierra, pero ahora no es terremoto, su Temblor es suave, como un vaivén de cuna que mece al recién nacido que es el hombre. La Tierra cuna del homo sapiens, cuna de niños que serán adultos cósmicos. Cometas, planetas, estrellas, galaxias, mundos sin fin. No veo el cometa, sí veo el cometa, ya no aparecen sus signos, ya no percibo sus alteraciones. Tan sólo veo un Astro Refulgente, refulgente de promesas, refulgente de vida, refulgente de esperanza. Un cometa que tal vez se presentó a nosotros también en el año 1 de la Era Universal.

MONTE PALOMAR, 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. El cometa Kohoutec comenzó a perder hoy brillo, conforme se aleja del Sol. Cálculos astronómicos indican que se alejará definitivamente de nuestra vista en pocos días; pero podría reaparecer alrededor del año 12 mil después de Jesucristo. Su última visita al planeta, consideran los expertos, fue unos años antes de que empezara a computarse nuestro calendario.

—Parece que esto no es el fin, sino el comienzo.¿Qué te pareció, duendecillo?.

—Truculento. Las influencias del género literario y además la moda y el clima anímico de estos tiempos, son obvios. ¿No escaparías tu mismo de la mansión aquella?. Dos observaciones solamente: allí la historia es leída al revés o sea está alrevesada. Menciona la NADA. Reflexiona si muchos de esos temores no serán porque está cargado el acento en el pasado, la nada. Pero si lo lees al revés, resulta ADAN, y Adán, El Hombre, tiene futuro.

La otra palabra: Nave espacial. Cierto que a la Virgen de Nazareth se la saluda así: ¡Ave (¡te saludo!) María!. Pero si lo lees al revés, queda EVA María. Es más tranquilizante creer en y confesar a Jesucristo como nuevo Adán y a la nueva Eva como la madre de los creyentes, es decir, de los vivientes.

Dicen que el paraíso no está en el pasado, sino en el futuro. Porque el gran paso ya se dio y se da todos los días, pero respetando las leyes de la vida y es mejor caminar que volar a velocidades supersónicas. Aun cuando a veces, es bueno volar. Pero como los papalotes, asidos de un hilo, para que no pierdas el rumbo.

—Ahí está el enredo. En el rumbo, en el hilo (el sentido de orientación), allí está el enredo.

—Como te dije, ¿recuerdas?. No soy duende, soy Musa de los Vientos. Y allí está el enredo. Como te digo, no se te ha quitado lo pagano. Y allí está el enredo

—¡Ay, Musita, a poco tú estabas en todo aquel enredo! —No soy yo quien enreda las cosas; pero también las desenredo.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 4-B, 26/X/1997.)

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A2K O EL ERROR DEL MILENIO

Silviano Martínez Campos

—Debo ser muy enérgica contigo y, si no un regaño, mereces ciertamente tu jalón de orejas, porque ¡descompusiste mi computadora! No es lo mismo manejar el aparato, aprovechar del todo sus hertz, gigabytes y seguir las instrucciones, que meterte de ingeniero, manipular circuitos, conexiones y mostrarte así torpe, torpe, torpe sin remedio.

¿Qué argumentos me das en tu defensa, tras haber provocado la caída del sistema?.

—No los tengo, y has de disculpar la interrupción: ¿qué no habías abandonado ya esta Tierra, dejándonos atribulados y contritos en los estertores del siglo y del milenio?.

Esperaba una carta o de perdida un telegrama como antes, en nuestros buenos tiempos, cuando hasta te disfrazabas de duende o de microbio; pero resulta que interrumpes mi trabajo y trajín diario, usas la tecnología del hombre blanco, si bien a través de mi computadora vieja y averiada.

Me pusiste a usar la nueva técnica y ya ves los resultados. Me perdí en los vericuetos de la red, entre la publicidad y la mercadotecnia; tenía qué ser, el Y2K y el cambio de fecha me trambuluquearon.

Has de disculpar, Musita, aún me comunico con señales de humo, a pesar de toda la apariencia; y si te averié el hardware, el disco duro quedó intacto, o más bien el chip que mueve todo. Y viéndolo bien, Musita Adolorida de los Vientos, me trambuluqueaste, porque si bien lo reconozco, desenchufé el sistema, pero de la computadora Terminal, mas no de la matriz que sólo tu manejas y esa muy intacta que está y por tanto no la toco.

—Problemas de herramienta, no te apures por eso del A2K o fines de milenio. Eras ciertamente más ducho con señales de humo para comunicar mi mensaje en estas tierras. Hubo sin embargo interferencias entre tú y los anteriores dinosaurios así como especimenes modernos, la riqueza y las formas, los pleitos callejeros con imperios y la grilla.

Dejemos lo pasado, ¿estás de acuerdo?, y te hago la pregunta pertinente: ¿Supiste de mi paso muy reciente por estas tierras que de siempre quiero?.

—Estuve entretenido viendo tele. Disculpa mi actitud impertinente, insisto en sacarme la espinita del uso “inapropiado” del equipo. Por principio de cuentas la regué de a feo, será porque olvidé las instrucciones, la clave o el “password”, la contraseña pero: ¡ya pediré perdón al inicio del milenio! Pulsé, pulsé botones de tal modo, que a fin de cuentas bien que me hice bolas.

Quise reparar el desatino y enredé más las cintas negras (¿perforadas?) que entrelazaban la trama del equipo. ¿Y qué salió después, Musita, en la maraña amontonada de tiras en desorden?. No me lo has de creer: era un empaque rojo, de papitas. No lo toqué, le dí su puntapié y apareció después blancuzca una bolsita que me atreví a interpretar: de mala leche.

¿Quién metió su cuchara?, preguntéme. Ya la regué, pensé o me dije con azoro; pero nunca creí yo haber puesto las bolsitas; más sí torpeza en manejar botones. Miré hacia el interior y vi el LIBRITO de tu clave, hojeándose a sí mismo y me dio cierta confianza en que sólo había averiado el hardware, pero no el disco duro del programa, ni tampoco el chip que lo controla.

—No tomes tan a pecho esas cuestiones. Tengo el Librito de cualquier manera y ya se hagan niñitos o expertos ingenieros, tarde o temprano les agarro el modo. Descomponen mi hardware by yo que lo reparo, averían los circuitos y yo los reprogramo.

Señales de humo, rayos o centellas, nevadas, tolvaneras, terremotos o tormentas o volcanes, tramas globalizadas, cibernéticas, insanias destructivas que rechazo, signos todos lo son de que algo al fin se mueve.

Pero prefiero el gesto generoso, palabra bienhechora y el afecto para decir que sí, que aquí me encuentro: reluciente, feliz, resucitada.

Recojo los ¡vivas! De la urbe azteca para centrar su alma en mi figura. Acepto a manera de plegarias los gritos del estadio, vestido tricolor en la tribuna, con los colores de México e Italia. En el sacro recinto del santuario, directrices les doy pa’que me sigan.Lluvia de rosas hago caer y que perfumen el ajuar o la sotana de Juan-Diego.

Pide a la Guadalupe o a la Myriam, tu muchacha, te donen el secreto de la trama: cosas sencillas, artesanas, que equilibren la grande telaraña, con el afectado que sólo prodigan las mujeres. Dile a Miguel (¡viva la vida!) que conjure la peste de la guerra. Pídele al Emmanuel (¡Dios con nosotros!), devuelva tu inocencia ya perdida.

Las aguas impetuosas, torrenciales, cavaron un boquete en esta Tierra. La ROCA no se cae, no te preocupes, y aun cuando esté floja, la sostengo. Y el agujero negro que percibes permitió que entrevieras las RAICES.

En árbol de mezquite o el de zapote, plantados en el patio de la casa, revuelan los insectos presurosos en busca de la fruta que no encuentran. Si sanas las raíces perseveran, tarde o temprano te dará zapotes.

—La regué, fui “traidor”, lo reconozco, confieso mi conducta “inapropiada”. Inhibí los circuitos del equipo y por ello cometí cada burrada. Recibí inteligencia y sentimientos, revueltos con ensueños y quimeras: después los convertí en resentimientos, enlodados en cada borrachera.

La regué, fui traidor, lo reconozco, debato mi conducta inapropiada. Cuerno de la abundancia por mis frutas, hortalizas y cereales; pero llegó a tal punto la codicia que tuve qué cambiar mis decisiones por un mísero plato de frijoles.

La regué, fui traidor, lo reconozco, me deshago en disculpas y perdones. Tomé poder, riqueza, territorio en alianza con otros desertores. Me libraron por fin las ataduras, en medio de protestas y rencores. Libre quedo, por fin, para enseñarles la Palabra de Dios a los bribones.

La regué, fui traidor, lo reconozco, acepto mi conducta inapropiada. Pulsé botones sin mediar razones, desquicié los circuitos de la vida, obré sin seguir las instrucciones. Creí que mi ciencia lo era todo, hice un dios de equipos y sistemas. Rendí mi devoción al podero$o, vendí mi condición por hamburguesas.

La regué, fui traidor, lo reconozco, jugó con fuego mi aprendiz de brujo: profané los secretos de tu seno, quise hacer de tu imagen una copia; de la honda y la flecha fabriqué misiles, puse veneno en gases y solventes.

Desplumé las alas de los vientos, calenté las entrañas de los polos, enturbié los pulmones de mi Tierra: sofoqué los gorjeos de pajaritos.

—No es para tanto, acepta mi apapacho. Qué más puedo decir, que “te amo, te amo”. Larga la lista de tus mil perdones, aun cuando sale verso sin esfuerzo. La regaste por fin, como te dije: esparciste en tu Tierra la semilla del bien y la bondad que se te dona y usaste del bit y la pantalla, a pesar de la bolsa de papitas.

Los circuitos se cruzan, ¡qué le hacemos! Entenderás mejor si te despojas de fijación individual y solitaria para entender mejor la onda universal, comunitaria.

Lo de traidor lo acepto, te lo digo: Traedor de novedades, utopías; traedor de buenas nuevas, justicieras. Es la misión que tienes, persevera. Misión comunitaria, mexicana, o si amplías la visión, americana.

Por un pueblo empecé, por otro acabo de regar el mensaje libertario, antes que cambie fecha centenaria, del Y2K o trastorno milenario.

Porque si arreglas claves, lenguajes y circuitos, el A2K ni siquiera te regresa al 900, pero menos atrás, al cuaternario, a hacerle compañía a tu pariente el chango.

Mejor será el 2001 firme signo de la odisea que te proyecte, a confines insondables del espacio, tras arreglar en paz y justicia esta tu NAVE.

Vendrá después la danza de los pueblos: fundida la alegría de los cubanos con la del noble pueblo americano. También el zapateo de los tarascos, mexicanos, con los ritmos sabrosos colombianos, unidos al tambor maravilloso de los múltiples pueblos africanos.

¡Sí se puede”!, dirás, ¡Sí que se puede!, el Espíritu hablará, sí por mi raza, mi raza bullanguera, americana. Para decirle a pueblos y naciones que su parto pasó y de la TIERRA el EJE cambió de dirección y ahora se orienta al nuevo mundo, en fin, el POLO del AMOR, por justo y solidario, en gozo permanente, planetario.

Y el A2K o trastorno milenario, nueva fecha tendrá, y habrás recobrado la nueva clave en SOL, Sol de la VIDA. por plena, tierna, suave, rebosante de ENERGIA. Y queden desarmadas para siempre por insanas, las garra$-guerra$ destructoras, del petróleo.

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, Pág. 3-B, 28/II/1999).

Entrevista con Papá Diosito. Y Entrevista con el diablo. Silviano Martínez Campos

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ENTREVISTA CON PAPÁ DIOSITO. Y ENTREVISTA CON EL DIABLO.

                

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ENTREVISTA CON PAPA DIOSITO

                     Silviano Martínez Campos

 

—Señor, papá Diosito, con todos mis respetos, o sea, con todo mi temor, permíteme hacerte una entrevista con motivo de esta Semana Santa, para mis posibles lectores.

—Me vienen entrevistando desde hace más de cien mil años, desde que los hombres tienen uso de razón.

—Sí, y hay entrevistas muy famosas, las de Abraham y Moisés o la de Job, pero a éste cómo le fue por pedirte cuentas, y a mí mismo, guardando las proporciones, en el curso de la vida me has dado respuestas aún no digeridas; pero esta entrevista sería para publicarse.

—Tu crees que todo puede publicarse, también en estas dimensiones hay censuras, pero censuras piadosas, para no sobrecargarlos con demasiada información.

—Es cierto, porque Pablo, el apóstol, decía que al recién converso, o sea al neófito, primero habría de dársele biberón antes de los alimentos fuertes como carnitas, al igual que a niño y, en realidad, en estas cuestiones, todos somos infantes; pero Jesús, tu Hijo, también dijo que lo dicho por El en secreto debía difundirse desde las azoteas, o sea, a través de los medios de comunicación.

—Me pediste una entrevista y la estás cambiando a diálogo, aunque también me gusta el diálogo. Y siempre he dialogado con ustedes, aun cuando las más de las veces ha sido diálogo de sordos. En fin, viene la entrevista, pero te aguantas las respuestas.

—Puedo grabarla, o confías en mi memoria.

—En tu memoria sí confío, aunque la tienes débil, tan débil que a menudo te olvidas del Decálogo; en cuanto a grabarla, tú sabrás, has grabado mi ley en libros y obras de arte, tus interpretaciones llenan bibliotecas y, ya ves, el mundo que te encomendé, no es el mismo que salió de mis manos. Mejor me gustaría conservaras la grabación original que puse desde siempre en tu corazón.

—Creía que esta entrevista era personal, pero veo estás cargando sobre mis hombros el peso del mundo.

—¿No será que confundes lo personal con lo individual?, ¿no tus mismos pensadores dicen por allí que cada ser humano es la especie y representa la especie?. En fin, puedes preguntar si quieres.

— ¿Realmente existes?, porque muchos lo dudan, sobre todo en estos tiempos calamitosos.

—Realmente existes tú, porque saliste de mí. En cuanto a mí, sencillamente soy. Pero no te metas en esos enredos, eso es lo que te embrolló, tu dialéctica libresca, aunque por supuesto respeto tu cultura. ¿Por qué no me preguntas en tu lenguaje campesino?, ¿no crees que sería más fácil entendernos?.

Podrías por ejemplo preguntar a dónde regresa el rayo de sol reflejado en el ala de una mosca, si retorna a las alturas o penetra en las profundidades; dicen que escucho los pasos de las hormigas y podrías interrogarme si la sonrisa de un pequeño también ilumina la materia oscura del universo, o si un suspiro, o un lamento del hombre atribulado, de no encontrar eco en el corazón del hermano, puede retumbar en los agujeros negros; si los cantos de los grillos son el concierto que impide oír los gritos de los condenados, como se decía antes, o más bien piadosamente atenúa los coros de ángeles y bienaventurados porque tu oído aún no está terminado para poder escucharlos sin estallar de gozo.

De que te enredas, te enredas si insistes en desentrañar los secretos del átomo y aplicarlos a tu técnica, pero puedes hacerlo, eres libre. Aunque me gustaría más bien preguntaras sobre cómo engarzar dos miradas sin que las corte la desconfianza y el recelo; cómo concertar dos afectos en uno solo para que vibren al unísono pulsados por una sola mano en dos entrelazadas; cómo orquestar una y mil voces en una sola para entonar la canción que realmente vale, la oda de la vida; o cómo encontrar la tierra prometida donde todos coman, todos canten, todos sepan, todos amen.

—Así está mejor, dime, entonces, ¿por qué a los niños les gusta lo pequeño?, por qué guardan sus caricias para un cachorrillo y reducen el mundo al tamaño de sus cuerpos; en cambio los adultos soñamos con grandezas y pretendemos escalar montañas y conquistar universos; pero como el Sísifo del mito regresamos una y otra vez al punto de partida.

—Porque los niños no han salido de mi seno, pueblan todavía el reino de los sueños y su inocencia los arraiga aún en el paraíso. Están todavía en el vivero de mi jardín, donde cultivo con esmero su plantita que será trasplantada, a su tiempo, en otros suelos, fértiles o áridos, para que también a su tiempo fructifiquen.

Pero no te preocupes, a todos los trato como a niños, no que pretenda siempre retenerlos en viveros, sino los quiero libres y adultos; pero mi afecto va para ustedes y quién te dijo que el único lenguaje es el del logos, el del verbo; también de un suspiro se forma un alfabeto y en una mirada se descifra el universo.

Con una palmada, a tiempo, se desarma una furia y mediante un susurro se deshace un vocerío; un afecto lo descifras en la clave de una nota, o bien escalas el señuelo en la tonada; te remontas al cielo en el vaivén de una sinfonía o te explico el mundo en el momento de un acorde; pero también te doy la clave de las cosas en el ritmo ternario, o cuaternario de una ranchera melodía surgida de las raíces de la tierra.

—Parece poesía, ¿sirve de algo para acercarnos a ti, en nuestros tiempos azarosos?.

—Construiste tu ciencia en torno al intelecto y tejiste con los siglos la técnica moderna; sentaste los principios de las cosas en grandiosas teorías y sistemas de pensamiento que culminaron en complicadas ideologías. Y a través de ciencia, técnica, pensamiento e ideas encontraste de nuevo los límites del mundo. ¿Qué más da entonces que vuelvas al principio y redescubras el afecto y el sentido del ritmo mesurado y busques la razón de las cosas a través del lenguaje más profundo y más abarcante de la poesía y el mito?.

— ¿Y no sería esto una regresión?

—Alabo desde luego tu ciencia y tu técnica y tus sistemas de pensamiento; has usado la razón que te dí, pero serás tu ahora, como Job, quien me conteste: ¿Es o no regresión el arsenal atómico que has logrado acumular, capaz de acabar con tu vida?, ¿Es o no regresión la guerra moderna destructiva, aunque toda guerra siempre ha sido armada por las huestes de Caín?, ¿Es o no regresión parte de tu industria y de tu técnica que viene esterilizando ríos, lagos, mares, suelos y amenaza con trastornar la placenta de tu Tierra?.¿Es o no regresión el que se hayan desatado sin aparente control los azotes de la violencia multiforme, la real y la simbólica, al grado de que empieza a llamarse a tu cultura, una cultura de la muerte?. Y hay más, aún, muchos se han olvidado en teoría o en práctica, de que existo y allí está la explicación.

—No tengo respuestas claras; pero has de disculpar, estamos tratando de desenredar las cosas, en lo pequeño comunitario y en lo grande planetario.

—Otra pregunta más: ¿es o no regresión establecer, mediante su ciencia económica y sistemas de poder, en la teoría y en la práctica, modelos de organización que facilitan la acumulación de bienes en pocos y el despojo masivo de los más, cuando los bienes de la tierra son para todos?

—No tengo respuesta clara y creo que ni muchos economistas Pero una pregunta más: ¿cómo podemos salir de este calvario que llamamos crisis?.

—Respuestas técnicas no las tengo, no les gustó mi mundo, háganlo a su manera, pero les doy una receta: ámense.

—¿Cómo?.

—Pregúntenle a Jesús, mi Hijo, mi Ungido, mi Cristo, mi Enviado.

—Gracias Señor, papá Diosito, te trato así de cariño.

—De nada. No lo olvides, siempre estoy disponible par las entrevistas; ¡pero cuidado!, que duelen las respuestas.

—Algo más que desees agregar, tú siempre tienes la primera y la última palabra.

—Y tú también la tienes: ¿No es la Palabra, el Emmanuel, al que recuerdas en la Semana Santa?. Si lo recuerdas siempre, siempre encontrarás la respuesta.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas, 7-B, 16/IV/1995)

 

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ENTREVISTA CON EL DIABLO

    Silviano Martínez Campos

 

— ¡Riiing, riiing!

— ¡Bueno!

— ¡Malo!

— ¿Quién habla?

—Soy el diablo.

—Son las 12 de la noche, no es hora de bromear; por lo demás, tengo cortado el teléfono. ¿Cómo hizo para llamar?

—Soy el diablo, solicito tus servicios profesionales.

—Sólo a Dios sirvo y por El trato de servir a mis hermanos. Además, no me tutee, no somos iguales.

—Y cómo a El sí lo tuteaste en esa entrevista, motivo de mi llamada, ¿Son iguales acaso?

—Porque confío en Dios y si no somos iguales, sí a El soy semejante, me hizo a su imagen y semejanza. Déjese de bromas, quién es usted, si tiene alguna objeción a mi entrevista y no le gustó, refútela por escrito.

—A eso voy, quiero que me entrevistes para dar también mi parecer sobre ti y sobre tu mundo.

— ¡Hay Dios!

—Sí hay, me consta y por habérmele rebelado, Miguel me agarró de la cola, me zangoloteó y me lanzó a la Tierra, donde peno y hago penar.

—No quiero diálogos con demonios.

—Sólo una entrevista, tú pones las condiciones.

—Sale. La primera, no tuteos. La segunda, pongo la cruz y el afecto de por medio. La cruz es donación y usted no sabe donarse, y el afecto es destello del amor y en usted no hay destellos amorosos sino fuegos destructores, por lo demás apestosos. Así es de que una entrevista objetiva, intelectiva, racionalista, lógica, maquinal, cibernética. Si aún así le interesa, va.

—Viene, aunque sé por allí que lo dialéctico no es su fuerte.

—Lo intuitivo sí, y también lo afectivo y, hasta donde soy capaz de amar, que no es mucho en mi condición de pobre mortal, mi amor es afectivo. Pero este no es su lenguaje y aquí está mi fuerza y si trata de tenderme una trampa, se la devuelvo. Comienzo: ¿No le pareció mi entrevista con Papá Diosito?

—No me pareció, qué es eso de ser igualado. Todo comenzó hace unos dos mil años cuando un mortal se atrevió a llamarlo “papá”, algo así como “papi” y desde entonces sus seguidores igualados le hablan con tanta confianza que a mí no me conviene. Me interesa le conserven alejado de estas tierras y qué mejor, por lo tanto, el tratamiento más civilizado y elegante de motor primero, el ser en sí, etcétera, etcétera.

— ¡Ese mortal vive por siempre! ¿En un universo tan grandote, con miríadas de estrellas y galaxias, no se le ocurrió a Miguel lanzarlo a otro planeta?

—No tuve tiempo de averiguarlo, pero quedé bien aquí como en mi casa. Una especie naciente, un “homo sapiens” destinado a la grandeza, que se resiste a ella. Es mejor dominar hombres que enseñorear universos. Mejor acumular oro que contabilizar y poseer estrellas. Mejor destruir vidas que engarzar corazones.

— ¡Muy retórico! Usted tiene fama de mentiroso y tramposo desde el principio. De seguro anda metiendo su cuchara en esta crisis planetaria donde abundan acusaciones y zancadillas entre grupos y naciones y quién quite también tenga qué ver algo en nuestra cultura de la muerte con genocidios espantables y exaltación visual y auditiva del más fuerte.

—Por ganas no queda, pero en poco se estimarían los homo sapiens si se bajaran a nivel de títeres; no niego que yo pueda atizar una que otra guerrita o armar más de una masacre. ¿Mas dónde queda su libertad presumida? Mi grito rebelde del “non serviam” tuvo eco en Miguel, pero cuántos non serviam libres se darán a diario entre gente de su planeta. Desde luego me favorecen sus non serviam a la vida, a la justicia, a la moderación en el uso de la tierra, sus homicidios, genocidios y matanzas.

—También lo ha de favorecer un progreso desbocado, favorable a los epulones de la historia, el vértigo de la velocidad suicida que anula el razonar y el sentir, la máquina moderna no instrumento ni herramienta, sino nuevo ídolo a quien adorar.

—No fui yo quien inventó la civilización industrial ni desentrañó antes de tiempo los secretos del átomo, ni fundó sus laboratorios químicos ni escrituró los veneros de petróleo ni intenta desenredar los códigos genéticos. Pero vas bien, muchachito, tus imprudencias te conducen a mis dominios de la muerte.

—En ese caso usted metió su cuchara desde el principio al prometer a nuestra madre de los vivientes que si comía de la frutita seríamos como dioses. Y ahora, en verdad, como dicen que dijo el humorista, no sabemos si somos ángeles caídos o changos levantados.

—El único ángel caído soy yo y mis huestes, y ¡Oh envidia!, ¡Qué dolor!, me topé con un chango levantado destinado por lo menos a ser ángel. Vas bien, muchachito, tus imprudencias te conducen aquí en tu historia a mis dominios de la muerte, aunque sé, y lloro de rabia, que de todas maneras se te promete el paraíso.
–“¡Quién como Dios! ¡Viva la vida!”. Son gritos que a miríadas lanzan a diario voces esperanzadas y no todo está podrido, no ha ganado aún la hueste destructora. ¿Qué dice usted a eso?

—Desconozco ese lenguaje, no hay comentario.

—Las sombras de la noche caminan lentamente sobre pueblos y continentes, cuando al mismo tiempo apagan la oración postrera de acción de gracias o lamento, adormecidos devotos. Pero al otro lado del mar y de las islas, otras oraciones madrugan y se unen al coro diario de lo vivo y de la comunidad orante. Mas dormidos o despiertos, hombres y mujeres innúmeros cantan a lo vivo en cada inspiración o expiración de su pecho, en cada parpadeo de su asombro, en cada palpitar de su alma o en cada pulsión de su conocimiento. No todos los sueños son pesadillas, porque los hay fecundos y alados, que se desprenden del tiempo y del espacio de su tierra para remontarse a lo infinito y vagar entre universo y universo para atisbar su futuro y regresar como Prometeo, con el fuego, éste regalado, a fin de regenerar su mundo. ¿Qué dice usted a eso?

—Desconozco ese lenguaje, no hay comentario.

—Fuegos nocturnos, suaves fuegos se levantan noche a noche del lecho de la Tierra, generados por la chispa del abrazo amoroso y juntos tejen sutil red a manera de oración en torno a este planeta para impedir se destruya en su cuerpo y en su alma por las insanias terroristas, las locuras fratricidas o la sinrazón de encerrarse en sí mismo. ¿Hay algún comentario?

—Desconozco ese lenguaje.

—Sí hay especies que regalan su último hálito de vida refutando al progreso desbocado. Pero hay una confabulación amorosa de los pequeños, me lo dijo un pececito para que hormigas, tábanos, mariposas y ciempiés extraigan de las raíces de la tierra la savia vital que energice al homo sapiens para que éste detenga su mano ecocida y salve su Tierrita amenazada. ¿Hay algún comentario?

—Ninguno, desconozco ese lenguaje.

—Y juntos, hormigas, tábanos, ciempiés, mariposas, yerbas y homo sapiens hagan real la intuición tempranera infantil de que el canto de los grillos va en dúo con el parpadeo de las estrellas. En la esperanza de que en el rítmico, espontáneo cantar sin sentido lógico de una estrofa de niño esté cifrado también el código de sobrevivencia que se grabó desde el principio en el canto de los pájaros, en la cadencia de un lenguaje autóctono, en el ritmo de una canción ranchera, en el rondar metódico de un astro y, sobre todo, en el mítico grito victorioso de Miguel: ¡Viva la Vida!, ¡Quién como Dios!

—¿¡!?, ¿¡!?.
(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, 30/IV/95, Ventanas, 3-B).

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Regalo de Navidad. Silviano Martínez Campos

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                                             REGALO DE NAVIDAD 

                                        Silviano Martínez Campos

 

— ¡De seguro fuiste a comprar los regalos para compartir entre tus numerosas amistades!

—  ¡Otra vez tu!, ¿por qué te da por interrumpir cuando escribo?, Ahora le tocaba a La Musa, no a ti.

—Observé el título de tu escrito y me dije: este Silviano está en mis dominios, no es tan objetivo. Además, tan dadivoso, de seguro ya fuiste a mercar tu regalo. Te vi en el centro curioseando aparadores.

—Nada más curioseando, duende indiscreto, la curiosidad es lo único que nos dejó el neoliberalismo. Están de moda los hermanos incómodos y tú eres uno de ellos. Qué es eso de mercar, te creía más moderno.

—Mercar no es arcaísmo, es tan de moda que todo el mundo le está tributando adoración. Por lo demás, soy duende cibernético. Acabo de regresar de la antigüidá y me traje en equipaje uno que otro arcaísmo, para tu regalo.

—Así es, estoy por recibir arcaísmos. El otro día recibí el don de un amora y me lo regaló un niño.

—Estás muy  alrevesado, lo que tú quieres decir es que te regalaron un amor.

—Un amora. Pero mira, duende juguetón, dicen que no se puede regresar al pasado y volver, así es que no fuiste a la antigüidá. En cambio sí puedo viajar al futuro y traer de regreso  mi presente. Voy y vengo y te traigo un amora.

—Voy y vengo y te traigo un amor.

—Voy y vengo y te traigo un amora.

—Voy y vengo y te traigo una cruz.

—Voy y vengo y te traigo una esperanza.

—Voy y vento y te trago una A.

—Voy y vento y te traigo una Z-

—Voy y vengo y te traigo un pez.

—Voy y vengo y te traigo pan y vino.

—Me trambuluqueaste, ¿cómo viajas al futuro?.

—Dí  tu primero, ¿cómo viajas al pasado?.

—Me trepo en la espalda del tiempo y dejo llevarme por sus alas. El aleteo en su vuelo me transporta poco a poco a las regiones donde surgen los sueños. Capto las claves perdidas y desando el camino guiándome por el parpadeo de las estrellas o el suspiro de los grillos. Te toca.

—Eso está muy oscuro y ni es tan original. Yo atrapo un rayo de sol y como la araña en su hilo me transporto a la velocidad del pensamiento, vago por galaxias y universos y te traigo noticias de lo maravilloso. Sigues.

—Eso es sicodélico y ni tan original. Yo hago mía una canción ranchera, desentraño su compás terciario o cuaternario y me remonto al tiempo en que el hombre cantaba y bailaba en amistad con plantas y animales aceptando los aplausos de la Luna. Sigues.

—Eso es premoderno, ya hasta la pisamos. Yo  pido prestado a Mozart y a Beethoven ese compás terciario y cuaternario, los comparo con tu canción ranchera y luego verifico si en ellos pueda estar la clave del mundo. Vas.

—Eso es megalómano. Yo pregunto a una etnia, arcaísmo viviente, por qué se conforma sólo con tierra, pan, escuela, medicina, le  respeten su ser y su pasado y la dejen vibrar con su cultura enamorada del Universo. Te toca.

—Eso es anticuado. Por eso estoy de acuerdo y pregunto a un imperio, a un potentado, por qué siega su futuro cerrando el paso a la gran ciudad del mundo, la gran Jerusalén de la unificación humana, e impide hacer real la utopía de la Nueva Tierra. Sigues.

—Eso es ideológico, además de pretencioso. Te regalo el arcaísmo del pez, y de paso una cruz: ICHTHUS (pez, en griego) =Iesus Christos Theou Uios Soter=Jesucrisato, Hijo de Dios, Salvador.

—Te regalo un Amor A y de paso una esperanza. Amora, aroma de Navidad, la sonrisa de un niño callejero.

—¿Y cómo viajaste al futuro?

—De la primera A, el presente, a la segunda A, el futuro. Regreso leyéndola al revés y te regalo un amora, un aroma, el aroma navideño de la sonrisa de un niño, un regalo navideño recibido en la calle, uno de esos días atribulados. ¿Y cómo regresaste al pasado?.

—Igual, te dije que era Amor, lo leí al revés y resulta Roma, y es lo mismo. Al calvario se regresa por Roma y por Roma se viaja al futuro. Para regresar lo lees al revés y queda AMOR. Es lo mismo: Amor, Roma, A Roma, Aroma, Amor A.

—Ahora tú me trambuluqueaste. Nada de eso es novedoso, se me hace que ambos la regamos.

—De eso se trata, muchachito, de regarla. Regar por todos lados la noticia de que la sonrisa de un niño, recibida con devoción,  puede darte la clave del mundo. ¿O a poco en el Jesús niño no podemos estar recibiendo el regalo de la sonrisa de Dios?

—Ora sí te agarré, duendecillo, con que te incluyes, ¿por qué?

—Porque soy tú mismo que te preguntas desde el presente y te contestas desde el futuro. En cambio, tú eres un traidor.

—Ya lo sabía, ni me cuesta reconocerlo. A lo largo de la vida no sólo me he traicionado a mí mismo, sino he sido traidor al negar en hechos y palabras la buena noticia que nos cayó desde las alturas.

—No hombre, eres un traidor porque tráis desde el presente al futuro los lamentos del hombre afligido, las quejas contra los hermanos incómodos, las angustias de los torturados por la vesanía o el hambre, en los aromas de las oraciones concertadas en la comunidad creyente.

—Y tú eres también un traidor porque tráis al presente la esperanza vital cifrada en la sonrisa de un niño, la confianza en una comunidad orante, la certidumbre de que quien hace la paz y la justicia está sacando para él y para todos,  el pasaporte hacia la Tierra  Prometida,  el gran Regalo de Navidad, me lo dijo un pececito.

—Siempre que nos trenzamos en polémica quedamos tablas. Te dejo, escríbele a tu musa.

—Musa de los Vientos: por culpa de un duende entremetido, no logré elaborar una carta navideña dirigida a ti, en la cual pretendía pedirte, como regalo de Navidad, me dieras paz y bien y lo hicieras extensivo a mis familiares, amigos de Guía, Etcétera, Porqué, colegas y a todo el mundo y, desde luego, a mis posibles lectores.

—Narciso pretencioso: tus deseos sean cumplidos. Desde la muerte (es un decir) de Chon y de Benita, te me había olvidado, así es que para comunicarme hoy contigo, me disfracé de duende y has de disculpar la treta.

 

(Publicado en GUIA, Semanario Regional Independiente, Zamora, Mich., México, Las Ventanas Pág. 4-B, 22/XII/1996. Y en  ETCETERA, semanario, La Piedad,   Mich.,   17/I/1997 )